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EL MIEDO A LA ANESTESIA SE PUEDE SUPERAR

La anestesia ha sido siempre una de las mayores preocupaciones, si no la mayor de todas, a la hora de enfrentar cualquier procedimiento quirúrgico.Le sacamos todas las dudas al respecto.
 
El miedo a la anestesia surge de un montón de interrogantes: ¿Volveré a despertarme? ¿Sentiré dolor mientras me operan? Larga es la lista frente a una situación donde la vida y la muerte están en nuestras más hondas fantasías y lo desconocido acrecienta los miedos. Estos interrogantes tienen que ver con cuestiones profundas de la vida, del ser y los misterios que esto encierra, miedo es aquella perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario y es un sentimiento común a todos los seres humanos. Algunos de estos miedos, por supuesto, tienen un valor de supervivencia básica. Otros, sin embargo, son reflejos que pueden ser debilitados o reaprendidos. Después de reconocer los factores más mentes que generan miedo, estamos en condiciones de comprender a los pacien­tes que estarán sometidos a alguna inter­vención bajo anestesia y estaremos más preparados para buscar las herramientas necesarias para disminuir el impacto que implica el acto anestésico. Hoy el riesgo de la anestesia es mínimo, pues se ha avanzado mucho en el desa­rrollo de fármacos efectivos y seguros. La anestesia es una de las ramas de la medici­na en que más se invierte en investigación y desarrollo; por tal razón, es de las que más ha evolucionado en los últimos 40 años. La aparición de nuevos medicamen­tos, equipos y técnicas de anestesia, ha reducido hoy a niveles mínimos la morta­lidad quirúrgica, que en otros tiempos era muy alta.

QUÉ HACE EL  ANESTESIÓLOGO
Hoy se utilizan en las cirugías la anestesia general, la anestesia regional, la aneste­sia local y la tópica. La anestesia general moderna es un procedimiento controlado y muy seguro; incluso pacientes muy en­fermos están en mejores condiciones bajo anestesia general que despiertos y respi­rando por sí mismos, dado que disminuye su consumo de oxígeno favoreciendo su fisiología general. Sus funciones vitales, como la presión arterial y la cantidad de sangre bombeada por el corazón, son me­joradas por la anestesia, los medicamen­tos adicionales y el oxígeno administrado por el anestesiólogo. Este médico controla el volumen de aire que entra en los pul­mones, así como los volúmenes de aire de retorno fuera de los pulmones. Monitorea continuamente los signos vitales, como las concentraciones de oxígeno, dióxido de carbono, y las drogas anestésicas suminis­tradas al paciente. La sobredosis de drogas anestésicas inhaladas es hoy imposible. Los anestésicos inhalados modernos se suministran con vaporizadores de preci­sión y aún en altas concentraciones son incapaces de generar efectos letales: de he­cho no se puede dormir a una persona con un pañuelo con un anestésico, como se ve en las películas.
El anestesiólogo controla la circulación, mediante la onda de pulso y la concentra­ción de oxígeno en la sangre, el electrocar­diograma en forma continua, verifica si la presión arterial y el bombeo del corazón es suficiente para causar un flujo de san­gre a través de los tejidos del cuerpo, si es suficiente para eliminar los productos de desecho (como capnografía y producción de orina) y si transporta suficiente oxí­geno. También controla la temperatura y repone los volúmenes de diversos fluidos perdidos durante la cirugía, asegurando que el volumen de sangre y la composi­ción líquida de los órganos se mantiene en niveles normales.
Finalmente, se supervisa el nivel de la conciencia por la observación clínica y las medidas auxiliares de la actividad eléctri­ca del cerebro. De hecho, sólo se induce el sueño (denominado "hipnosis") me­diante fármacos parecidos a los que utili­za la gente para dormir de noche. Otros medicamentos específicos se suministran para bloquear el dolor o lograr la relaja­ción muscular, todos de acción ultracorta, predecible, fácilmente reversible y contro­lable por monitores específicos, tanto que cuando termina la operación, termina la anestesia. De hecho, muchos pacientes hoy se despiertan con una sensación pla­centera. ¿Ya me operaron? es una pregun­ta común.

HERRAMIENTAS PARA PERDER EL TEMOR
Es importante esclarecer lo más posible acerca del procedimiento y dar la confian­za a través de la información; la relación médico-paciente es muy importante para crear confianza y un espacio para escuchar y desmitificar los miedos, en un ambiente de paz, claridad y confianza. Para esclarecer dudas han creado consul­torios pre-anestésicos, donde el anestesió­logo se informa acerca de cada paciente, revisa sus estudios y en conjunto con el paciente se puede elegir el mejor tipo de anestesia para el procedimiento en cues­tión; a su vez el paciente puede explayarse y esclarecer todas sus dudas al respecto del procedimiento anestésico. El especialista también puede indicar una interconsulta con psicología si ve que no es posible dis­minuir la ansiedad y angustia del paciente.

Lo más importantes es tener una actitud positiva, llena de fe y esperanza ante cualquier situación, esto provoca que nuestro sistema inmunológico se mantenga defendiéndonos ante cualquier ataque externo o condición inesperada.
 
CÓMO SUPERARLO
Estos son recursos que el paciente puede usar para superar el miedo: Ejercicios de relajación y respira­ción.
Algún tipo de actividad corporal que permita disminuir las ten­siones: streching, yoga o pilates o tal vez una caminata tranquila en contacto con la naturaleza. Los beneficios de los masajes con aceites y aromas también están confirmados para disminuir las tensiones tanto corporales como mentales.
Buscar momentos de reflexión para descubrir los miedos más pro­fundos y recuerdos no deseables. Luego de exponerlos, tratar de que la mente ayude a salir de esos esta­dos a través de pensamientos po­sitivos tales como: -No estoy solo, puedo pedir ayuda si necesito; -la ansiedad es solo un sentimiento; -Todo esta bien. Yo estoy bien en este momento; -Puedo mirar mis recuerdos como una película sin creer la historia que me cuentan; -No voy a morir, sin importar que tan aterrador sea esto. La plegaria y/o la meditación son también buenas herramientas a la hora de trabajar con la mente. Es muy importante una buena analgesia en afecciones que cursan con dolor, ya que el dolor puede provocar más ansiedad y miedo ante una situación quirúrgica.
 

Dra. Teresa Franco,
Anestesióloga, es­pecialista en dolor crónico y cuidados paliativos, Coordi­nadora del Centro Dolor crónico no oncológico del Hospital Tornú de Buenos Aires, Médica ayurveda y profesora de Yoga Sivananda.



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