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Archivo: Enero 2018

EL CEREBRO Y LA DESNUTRICIÓN INFANTIL

Gran parte de la población mundial padece desnutrición consecuencia de la pobreza. Es más preocupante aún en los niños, fundamentalmente en los que se encuentran dentro de los dos primeros años de vida, pues presentan mayor susceptibilidad a padecerla.
Primero porque los niños no tienen la capacidad de discernir voluntariamente sobre cómo alimentarse, pero además porque en ese momento es cuando se desarrolla muy activamente el cerebro humano. Ya que a los 2 años de vida el humano alcanza el 70 por ciento de su tamaño cerebral, mientras que el resto del cuerpo tarda 18 años en desarrollarse.
Un tercio de la población de niños africanos y la mitad de Asia meridional presentan signos de desnutrición infantil. Gran parte de nuestra región no escapa a estas características de déficit alimentario.
Durante los primeros años de vida humana se genera gran parte del desarrollo de cerebro. Por lo que es un momento irrecuperable si los factores nutricionales, especialmente proteínas y calorías, no se incorporan adecuadamente.
Procesos como el lenguaje, la visión o los estímulos emocionales así como los procedimientos motores y sensoriales, tienen en este tiempo un momento único. Si el sistema nervioso se encuentra sin combustible no existirá el sustrato correspondiente para poder desarrollarse.
Así diferentes trabajos, como el de los pioneros de Stoch y Smythe ya en 1963, postulan una disminución del crecimiento cerebral permanente en los niños desnutridos, que redunda en una disminución de la circunferencia craneal, atrofia cerebral y disminución intelectual.
Asimismo estos niños presentan disminución del tamaño cerebral observado con resonancia magnética y de su coeficiente de inteligencia. Y a largo plazo la carencia alimentaria acaecida a edad temprana genera: mayor deserción escolar, bajo ingreso a la educación superior y menor desarrollo social de los adultos.

OTROS INCONVENIENTES
También se ha descrito aumento de las patologías psiquiátricas en los niños que nacen de madres desnutridas o que sufren desnutrición en la infancia, como por ejemplo trastornos atencionales.
Se ha observado además que la desnutrición produce disminución en la reproducción de células del cerebro pre y posnatales. También se observa menor cantidad de proteínas, ADN, ARN, conexiones y neurotransmisores.
Por ejemplo, cada neurona de la corteza del niño al nacer tiene 2.500 sinapsis con 18.000 a los 6 meses. Esta arborización es clave para constituir las redes que conforman la función cerebral, pero se genera los primeros meses de vida. En la desnutrición estas comunicaciones se observan claramente afectadas.

DIFÍCIL RECUPERACIÓN:
Una vez que el cerebro no se ha desarrollado correctamente, es difícil recuperarlo. Cuando se detectan estos problemas en un niño, además de recuperarse la alimentación debe activarse tanto la estimulación temprana como la red social y educativa, para pensar la posibilidad de evitar daños permanentes.

NO MIRAR HACIA ATRÁS
Además de la cuestión social y médica, la sociedad debe atender el problema productivo que genera la desnutrición infantil a partir del daño del capital humano. Es así indispensable la intervención destinada a prevenir los daños cerebrales irreversibles, generados por el déficit alimentario durante el embarazo y la niñez temprana.
 
Dr. Ignacio Brusco
Neurólogo. Doctor en Medicina y doctor en Filosofía. Investigador del Conicet

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