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Archivo: Febrero 2020

EL AGUA NO SE NEGOCIA

La reforma de la Ley 7.722, que habilita el uso de sustancias como el cianuro y el ácido sulfúrico para la actividad minera, trajo a la mesa de fin de año el debate sobre uno de los temas más cruciales para el planeta: ¿cuál es el futuro del agua?, ¿quiénes son los responsables de defenderla?

A pesar de que tres cuartas partes del planeta están cubiertas por agua, sólo el uno por ciento es potable, disponible en ríos, lagos y corrientes subterráneas. El 97 por ciento es agua salada, y el dos por ciento restante se encuentra helada. Debido al cambio climático, pero también a la expansión de la producción agropecuaria y a la falta de previsión frente a la explosión de las grandes ciudades, el agua se está transformando en un recurso natural cada vez más escaso.
En Argentina, la Ley 25.688 (denominada Régimen de gestión ambiental de aguas) es la que establece los presupuestos mínimos ambientales para la preservación de las aguas, su aprovechamiento y uso racional, como también para la gestión de cuencas hídricas superficiales y para la creación de los comités de cuencas hídricas.
“Dos tercios del territorio nacional son áridos o semiáridos, es decir que el agua es escasa. Esta situación se agrava frente a escenarios climáticos futuros que indican que algunas de estas áreas tendrán aún menos agua en los próximos años. Por lo cual, cualquier actividad productiva o extractiva que reduzca la cantidad o calidad del agua en estas regiones debe ser discutida ampliamente y contar con el consenso de gran parte de la sociedad”, explica Sebastián Aguiar, licenciado en Ciencias Ambientales y becario posdoctoral del Conicet en la Facultad de Agronomía (UBA). Para ello, a lo largo del siglo XXI, las políticas de Estado fueron primordiales en la ejecución y el resguardo de los recursos hídricos del país. “En 2011, por ejemplo, se promulgó la Ley de Glaciares, que busca, entre otras cosas, regular las actividades que se pueden realizar en áreas glaciares y periglaciares. Hace algunos años se está discutiendo un proyecto de ley para la protección de humedales, que esperemos que sea sancionado y reglamentado en el corto plazo. Además, existen otras leyes que regulan de forma indirecta la protección de los recursos hídricos, como la Ley de Bosques. En líneas generales, tenemos buenas leyes y vamos por el buen camino. Sin embargo, el gran desafío está en cómo hacer que estas leyes sean implementadas de forma efectiva, eficiente y equitativa”, resalta Aguiar.

Guardianes de lo profundo
De la mano de Greta Thunberg –personaje del año según la revista Time–, millennials y centennials llevan adelante las mayores movilizaciones y organizaciones para el cuidado y concientización del uso del agua. Con la ayuda de las redes sociales, las nuevas generaciones entienden que la única salida es la organización colectiva. “El rol de los jóvenes en la lucha por el ambiente no es nueva, pero sí ha crecido fuertemente en los últimos años. Diversas agrupaciones han tenido un rol fundamental en la reciente sanción de la Ley de Cambio Climático en la Argentina. Creo que este compromiso de los más chicos es fundamental ya que serán los principales damnificados por las consecuencias del calentamiento global, es decir, no sólo de los cambios en el clima sino también de la pérdida de ecosistemas naturales y de la biodiversidad, entre otros”, advierte el licenciado, y agrega que “es muy importante lo que está pasando con estas organizaciones, que intentan definir una agenda nacional para las problemáticas ambientales. Es común que para muchos de estos temas se importen ideas y soluciones de países desarrollados que no son viables en los países en desarrollo como el nuestro. Encontrar estrategias acordes a nuestros territorio, cultura y posición geopolítica es uno de los grandes desafíos que tiene la Argentina actualmente”.

El futuro ya llegó
Como en el filme animado Rango (2011), en el que se presenta un mundo distópico donde un joven camaleón intentará recuperar la poca agua del Far Westen manos de sus gobernantes, la puja por este recurso es alarmante y la mayoría de los países ya tomaron medidas de concientización. Como en los grandes problemas universales, existen tres formas para trasformar la conducta humana frente a cuestiones colectivas: las leyes, incentivos a través de los mercados y educación. “Las leyes en un país son muy importantes, pero sin educación, están vacías. La educación ambiental debe apuntar a generar modificaciones más profundas en nuestro comportamiento cotidiano, de tipo cultural, que impliquen un verdadero cambio respecto a cómo nos relacionamos con la naturaleza. En este sentido, es importante fomentar la enseñanza y hacer un gran esfuerzo por comunicar las causas y consecuencias de los problemas de forma precisa y sencilla. Creo que hay progreso en ese sentido, pero está ocurriendo muy lento, necesitamos cambios urgentes”, Aguiar dixit.

Entonces, ¿qué puedo hacer para reducir mi impacto? “La realidad es que los problemas ambientales son complejos y no tienen soluciones simples. Tampoco existe un consenso total respecto a las estrategias para reducir el impacto de nuestras actividades sobre el medioambiente. Sin embargo, muchos coinciden en que la forma más efectiva es a través de una reducción en el consumo de materiales y energía. Obviamente, no podemos pretender que los sectores más pobres de la sociedad lo hagan cuando aún no han alcanzado una condición material de vida digna, eso es trabajo del Estado. Mientras tanto, informarse más y mejor y consumir menos, seguro es un buen comienzo”, concluye.
Tomás Gorrini
Elplanetaurbano.com


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