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PARA TERMINAR CON LA POBREZA
CON CARIDAD Y ASISTENCIALISMO NO ALCANZA
ENTREVISTA a Rafael Kohanoff ex dirigente de la CGE de José Ber Gelbard
 
A sus 93 años, Rafael Kohanoff, industrial e investigador, encara el desafío de analizar las causas estructurales de la pobreza y de proponer un abordaje integral con políticas para atacar el origen de ese problema. En diálogo con Cash afirma que el deterioro social, y en particular la pobreza, se agravó a lo largo del gobierno de Cambiemos. Sostiene que la pobreza no es responsabilidad de quien la padece ni es un fenómeno natural, sino que es obra de un sistema económico desigual.
“Nunca se atacaron las causas, siempre se trabaja sobre los síntomas. Nadie, ningún gobierno, supo encarar el problema para que no se perpetúe. Se piensa en la ayuda al pobre pero no en su integración”. Contundente, Rafael Kohanoff, industrial, investigador, especializado en el uso de la tecnología para la inclusión social, condena “la ineficiencia” de las políticas sociales y propone un nuevo abordaje, que ya está poniendo en práctica en municipios peronistas. A sus 93 años, este ex dirigente de la CGE de Gelbard (años 70) encara el desafío cuestionando el presente y mirando al futuro. 

No les importa o no saben
Los problemas sociales, y en particular la pobreza, se agravaron a lo largo de los cuatro años del gobierno de Cambiemos. En la segunda mitad de 2018 ya alcanzaba al 32 por ciento, según cifras del Indec, y se estima que siguió creciendo desde entonces. Rafael Kohanoff, un experimentado dirigente empresario y también en la función pública, tiene sus dudas con respecto a que, en cuestiones de pobreza, la solución venga de la mano de las urnas, sólo con un cambio de modelo económico. “A algunos el problema no les importa, eso está claro, pero a los que les importa tampoco han sabido encararlo, indistintamente del partido o grupo político al cual pertenezcan”, sentenció el nonagenario (tiene 93 años) dirigente que, por su actitud y vitalidad, provocaría la envidia de más de un político o dirigente social de edad media. Kohanoff ha participado, desde los años 70 en la CGE y luego como colaborador del ministro José Ber Gelbard; presidio COPYME y la confederación General de la industria. Pasando por los 80, fue colaborador del presidente Raúl Alfonsín y Ministro de Industria de la Ciudad de Buenos Aires y, hasta hoy, en el INTI (en tecnologías para la inclusión social) y como asesor de organizaciones Pyme en diferentes instancias de intervención política. Ahora, sus posturas para una intervención “diferente” del Estado en la cuestión de pobreza, despertó el interés de varios intendentes, y funcionarios municipales con los que está conversando sobre la posibilidad de implementar sus ideas en el plano local. En una entrevista con Cash, Kohanoff fue delineando su perspectiva sobre un problema mal diagnosticado y peor resuelto.

¿Por qué cree que las políticas contra la pobreza, hasta acá y en distintos gobiernos a lo largo de varias décadas, han actuado en forma equivocada? 
–La pobreza no es responsabilidad de quien la padece, ni es un fenómeno natural. Es obra de un sistema económico, de decisiones que adoptan personas de mucho poder. Y no hubo hasta ahora voluntad política para modificar la estructura económica para evitar que se perpetuara la exclusión y la inequidad social. No se puede pretender combatir la pobreza teniendo como objetivo atenuar sus síntomas. “El Estado se ocupa”, dicen, porque tiene una equis cantidad de partidas presupuestarias destinadas a darle de comer, asistencia médica y resolverle alguna otra necesidad inmediata. Eso no lo saca de la pobreza, sino que puede “aliviarle” la situación. Y el pobre, así, estigmatizado, se convierte en una carga para el Estado, le “pesa” al Estado. Lo estigmatiza porque inculca la creencia de que “una persona pobre depende de la caridad”. No es “un igual”, es una carga, un costo social alto. La perpetuación de la pobreza es un círculo vicioso que se inicia en la discriminación que desvaloriza al “otro”. Lo ayudamos, pero mientras no lo incluyamos, seguirá siendo pobre, dependiente de la caridad. En este error conceptual han caído todos.
¿Todos?
–Sí, los gobiernos progresistas también. 
¿Y cómo se cambia ese modo de hacer política social?
–Empezando por un diagnóstico correcto sobre el origen de la pobreza, para evitar las condiciones y acciones que la producen. La pobreza existe, es una realidad. No podemos modificar lo sucedido, pero sí podemos actuar hacia el futuro para que no existan condiciones ni factores que generen la perpetuación de la pobreza. El sistema capitalista no es, por naturaleza, un distribuidor equitativo de la riqueza. Los conductores de la política en democracia, conociendo el efecto negativo de la concentración de la riqueza, imaginaron que la tendencia natural a la acumulación del poder sería contrarrestada por la generación de igualdad de oportunidades y movilidad social. Reforzado, además, por medidas regulatorias y redistributivas, negociaciones colectivas de trabajo, etc. Pero esos mecanismos han probado ser ineficientes e insuficientes. El proceso de concentración del poder económico y su globalización resultaron mucho más poderosos. 
¿Y existen otros mecanismos más eficientes dentro de este sistema?
–Estamos en el sistema capitalista y no está a nuestro alcance, al menos por ahora, cambiarlo. Así que hay que actuar sobre el mismo. La economía de mercado sigue siendo ajena a la equidad social, y la ausencia de políticas de Estado efectivas profundiza la concentración de riqueza. Una mirada nos permite admitir que nadie, en su sano juicio, decide nacer y quedarse a vivir en condiciones de pobreza. Sabemos que la pobreza no es responsabilidad de quienes la padecen ni es un fenómeno de la naturaleza, sino que es obra de un sistema económico adoptado por los hombres con poder que han generado esas condiciones marginales. La sociedad actual cuenta con las técnicas y recursos necesarios para eliminar la pobreza. No la ha eliminado porque los conductores políticos del mundo no tuvieron la voluntad de hacerlo. 
¿Se puede hacer algo a nivel local? 
–Por supuesto, porque depende del enfoque y la decisión que se le dé a la cuestión de la pobreza desde el Estado. No se la puede combatir atenuando sus síntomas, están bien los subsidios a fin de paliar la situación, no son cuestionables como necesidad inmediata. Pero no se debe ni se puede vivir sólo con subsidios, sin trabajo. Y ahí está el objetivo fundamental, la herramienta a atender. El trabajo es la base de la identidad y la dignidad de la persona, factor de integración social, fuente de sentido humano. Es el mecanismo de inclusión, lo opuesto a la exclusión que representa el subsidio permanente y la estigmatización de la pobreza. 
¿Y cómo se hace para crear trabajo, si justamente el desempleo es un problema que va creciendo paralelamente a la pobreza?
–Para crear trabajo que la economía de mercado no genera, el ámbito local es el adecuado, porque identifica mejor las necesidades y problemas no satisfechos. Es desde allí donde se pueden promover los emprendimientos que satisfagan estas necesidades y que incorporen a personas desempleadas o de bajos recursos; inserción que los transforma en productores, y al mismo tiempo en generadores de demandas de consumo en su propia comunidad. 
¿Y los recursos necesarios para lanzar esas empresas? ¿Y quién les provee la capacidad de gestión?
–Estoy teniendo conversaciones con varios intendentes de los que, por ahora, me reservo los nombres. A todos les hago la misma sugerencia: que analicen cuánto dinero disponen para paliativos de la pobreza y que identifiquen cuál es la población pobre. No tienen demasiada dificultad para llegar a esa información. Luego, les sugiero que identifiquen necesidades de la comunidad no atendidas por el mercado ni tampoco por el municipio, por cualquier razón que sea. Y según de qué se trate, les muestro las posibilidades de formar equipos de funcionarios públicos y expertos jubilados dispuestos a colaborar en la “creación y desarrollo de emprendimientos locales” que absorban personas desempleadas o en situación de pobreza, personas a las cuales es posible capacitar en poco tiempo. La conclusión es que, con el o los proyectos en marcha, los recursos del municipio que requerimos son inferiores a los que se gasta actualmente en subsidios. Pero, además, esa gente pasó de ser un pobre a ser un trabajador, tener un oficio, volvió a vivir en sociedad. No es más el excluido. ¿Se ve la diferencia? Y ya hay ejemplos de emprendimientos en marcha.
Discriminar es excluir
¿Por qué cree que no se hayan intentado caminos en ese sentido en un problema que lleva tantos años y se sigue agravando?
–El problema es que hasta ahora, lamentablemente, las políticas generales seguidas por los gobiernos de distintas tendencias políticas prefirieron no tomar nota de que todas las acciones fueron sobre los síntomas y no sobre el origen de la pobreza. Han preferido ignorar la ineficacia total de estas políticas, los efectos sobre las personas pobres transferidos a buena parte de la sociedad. Han inculcado la creencia de que una persona pobre depende de la caridad del otro para su supervivencia y que es incapaz de ayudarse a sí mismo. Es un círculo vicioso: la discriminación es exclusión.     
Pero el tipo de propuesta que usted está formulando requiere una concepción diferente del Estado, un rol proactivo que, por lo general, no se ve. 
–La propuesta es que el Estado asuma su rol fundamental de generar las políticas y las condiciones necesarias para crear y desarrollar empleos a través de las Pymes, reconstruirlo como el lugar de todos, el espacio principal de resolución de los problemas sociales. Revertir el dogma del fundamentalismo de mercado, y su trampa de privatización de lo político en beneficio del poder económico. Y el ámbito local es el marco apropiado para ejercitar la voluntad de las autoridades públicas en ese sentido.
¿Espera o demandaría algún tipo de participación y compromiso del sector privado?
–Yo confío que se va a contar con fuerte acompañamiento de las pymes y la participación activa de toda la sociedad a través de sus cámaras, asociaciones y ONGs representativos de diferentes sectores de la comunidad. Sin grietas ni exclusiones (dice y sonríe al mencionar “grieta”). Incluso hoy te vas a encontrar con muchos empresarios desocupados, o semi-ocupados por la inactividad de sus empresas, que estarían dispuestos a ponerse al frente de un emprendimiento colectivo, una nueva empresa social, con participación público-privada-comunitaria, que ofrezca un bien o un servicio a la sociedad y, a la vez, incorpore a personas antes excluidas por la pobreza. No son casos puntuales o aislados: al contrario. A medida que converso con funcionarios de distintas localidades me voy encontrando con una perspectiva general y compartida de que la batalla contra la pobreza puede tener éxito librándola a nivel local.
Raúl Dellatorre

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