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Ir a Interés generalIr a Interés general / Junio 2019

Archivo: Junio 2019

ANÉCDOTAS CON LUIS -Última parte

Roberto Mouro,letrista
«Luis venía mucho a mi casa y un día viene con una guitarra que él le decía Standel pero es una Hagström. La dejaba en mi casa porque cada vez que venía a cenar agarraba esa guitarra, como para tener algo con lo que tocar. Y resultó ser que esa guitarra era la que usó en Artaud para grabar ‘Todas las hojas son del viento’. Después a esa Hagström se la prestamos a Cerati cuando grabó ‘Bajan’. Luis me la pidió prestada –él me la pidió prestada a mí– para prestársela a Cerati. Y una vez que Cerati se la devolvió Luis me la llevó otra vez a mi casa. Y yo le decía ‘Mirá Luis, esta es tu guitarra’. Y me dice ‘Esta guitarra es tuya’. Y es así que al día de hoy está en el living de mi casa».

Marcelo Novati, baterista
«Al lado de Luis aprendí de todo. Cuando sos más chico pensás que son estrellas inalcanzables, que andan en coches caros y viven una vida de lujos. De golpe te topás con un tipo normal, con sus hijos, en su estudio componiendo una música increíble y te das cuenta que es como un trabajo normal, más allá de lo que en general puede pensar la gente. Acá vi un tipo conectado con su familia. Siempre nos causaba gracia porque a veces me llevaba a casa en su Toyota Celica y en el estéreo solo se escuchaban los casetes de Tangalanga. Claudio Cardone había bautizado a su estéreo never music porque estaba con Tarufetti todo el tiempo».

Marcelo Torres, bajista
«En aquel momento Luis no vivía en el estudio, solamente había una cocina y allí era el lugar de encuentro, donde se hablaba de todo y adonde Luis se llevaba su guitarra acústica y seguía tocando mientras charlábamos. Estando al lado de Spinetta no me iba a perder esas cosas y le pedía temas todo el tiempo, que me los cantara para mí. El Tuerto Wirtz también le pedía. En ese sentido Luis se brindaba al máximo, si tiene ganas de tocar y cantar, le pedías y arrancaba. Yo justo estaba escuchando mucho Fuego gris y le decía: ‘Luis, ¿cómo era este tema?’. Y él arrancaba. O le preguntaba por algún acorde, era una manera de llevarlo a otras músicas fuera del repertorio que estábamos haciendo. Incluso tengo el recuerdo inolvidable de Luis en mi casa tocando en mi cumpleaños. Vino con la guitarra, cosa que me sorprendió: imaginate que yo no le podía decir a Spinetta ‘Luis, traete la guitarra’. Pero vino con la acústica y se tocó unos cuantos temas, ¡increíble! Yo vivía en un primer piso con un balconcito, y en un momento me asomo y veo que se había juntado gente para escucharlo a Spinetta en la calle. Cosas inolvidables de una persona como pocas en el planeta».

Ana Spinetta, hermana
En la casa de Arribeños jugábamos mucho, sobre todo Luis y yo, ya que a Gustavo le llevo seis años. Jugábamos a todo, jugábamos mucho a la pelota, yo tenía juegos de varón con él. Lo hacíamos en el comedor de mi casa, yo era arquera y no rompimos nunca un vidrio y eso que en mi casa había unos cuantos y bien grandes. La casa tenía los techos altos, las puertas altas, y había vidrios enormes, pero nunca rompimos ninguno.
Teníamos la idea de un taller, donde él era Farulo y yo era Rulo, y arreglábamos cosas, nuestra principal clienta era una señora que se llamaba Doña Cata, que era una hincha pelotas, ¡siempre te venía con algún arreglo! El tema era que a veces le podíamos arreglar las cosas y otras no, y ahí la sacábamos corriendo. Eran todos juegos de siesta y éramos sigilosos ya que mamá dormía la siesta y mi viejo laburaba. En ese mismo taller un día nos pusimos a intentar fundir los soldaditos de plomo para hacer otras cosas.
¿Quién habita la casa de Arribeños en la actualidad?
Mi hermano Gustavo y yo, y está impregnada de esos momentos increíbles de nuestra vida familiar, de ese amor fraternal. Me hace muy bien estar en Arribeños».
Jorge Kasparian

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