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SOBRE EL ORIGEN MÍTICO DE LA MEDICINA
El autor de esta columna traza la historia de esta disciplina que comienza en Grecia en la búsqueda de una explicación racional a los males que aquejan al hombre hasta nuestros días, con nuevas prácticas que se afianzan. Un viaje a través del tiempo.

Cada 7 de abril se celebra el Día Mundial de la Salud en conme­moración del aniversario de la fundación de la OMS dos años antes. Si bien hoy el contexto es muy diferente al que había a mediados del siglo pasado y el mundo es testigo de avances históricos y de nuevas prácticas, esta fecha nos invita a repasar el surgimiento de una ciencia tan antigua como imprescindible. El término «salud» tiene un origen latino: viene de salus y, a su vez, deriva de salvatio, que significa «poder superar un obstáculo». Actualmente, ese concepto fue reemplazado por «bienestar físico, psíquico y social», una definición quizás algo estática, ya que el bienestar, como la vida, conlleva movimiento y un inevitable grado de impredictibilidad e incertidumbre. Entonces, ¿por qué no volver al concepto latino de superación mediante la construcción de hábitos o costumbres que nos ayuden a superar los problemas que se presentan (y habrán de presentarse)? Para tener salud es menester superar esos escollos contando con la ayuda de otros que pueden o no ser médicos... pero siendo el Día de la Salud, siempre es bueno hablar de los colegas. La medicina comienza en Grecia en búsqueda de una explicación racional a los males que aquejan al hombre. Allí debemos buscar la etimología de muchas palabras que nos asisten para perfilar diversas sintomatologías, así como su relato nos ayuda a conformar un diagnóstico que conduce a un tratamiento específico. Esta línea de pensamiento es la esencia del Corpus hipocraticum, las lecciones que nos dejó Hipócrates. A él le cupo unir la filosofía (el amor al saber) con la medicina (el arte de curar), separándola de la religión, al atenuar el estigma del castigo divino. Para Hipócrates, la enfermedad es de origen natural y para indagar su causa deben buscarse respuestas racionales como la dieta, los hábitos y las sustancias que ofrece la naturaleza para ejercer la terapéutica (therapeutikos: que cuida a las personas).
Lo poco que se sabe con certeza de Hipócrates es que había nacido en la isla griega de Cos hacia el año 460 a.C. y era un iatros, es decir un sanador, de tan extenso prestigio que llegaron a atribuirle un origen divino. Hipócrates era, para sus seguidores, descendiente de Asclepio, dios de la medicina al que solían repre­sentar con dos serpientes enrolladas en su bastón, una corona de laureles y un perro a sus pies. Según el mito, Asclepio fue educado por el centauro Quirón que lo introdujo en la tecne (arte y habilidad) de utilizar plantas medicinales, y cada miembro de su familia ejerció distintas formas de iatros. Su esposa, Epione, calmaba el dolor, y su hija Higía era sinónimo de prevención (de aquí deriva la palabra higiene). Su otra hija, Panacea, representaba el tratamiento, y su hijo Telesforo, la convalecencia. Gracias a sus conocimientos, Asclepio adquirió el poder de resucitar a los muertos, habilidad que disgustó a Zeus, quien lo castigó matándolo con un rayo. Allí es cuando nuestro dios de la medicina asciende a los cielos convertido en la constelación del Serpentario. A Asclepio se lo adoró en templos curativos, donde los peregrinos acudían para ser sanados en sus baños (llamados gimnasios) y dormían entre serpientes. Simbólicamente, éstas son las serpientes que ascienden al báculo para convertirse en emblema de la profesión. Los mitos griegos intentan dar una explicación del universo: del Caos emerge Gea (la tierra), Eros (el amor) y el Tártaro (el abismo). A su vez, de estas formas primigenias surgen los habitantes del Olimpo, dioses inclinados a mezclarse con los mortales en una saga plena de sexo y violencia. Estas historias míticas raramente tenían finales felices, menos aún cuando implicaban la apropiación de un bien cultural, como fue la capacidad curativa de Asclepio.
Tiempo después, los filósofos neoplatónicos promovieron el significado moral de las tradiciones mitológicas expresadas en la etimología de las palabras. Higiene, Panacea, Hipócrates e Iatros constituyen el origen de muchos términos médicos, y cobraron mayor importancia cuando el Dr. Freud expuso su concepción transhistórica para describir las pulsiones reprimidas del inconsciente con nombres de mitos griegos. Así, dioses y héroes se convirtieron en arquetipos: Asclepio, Quirón e Hipócrates son los símbolos del arte de curar, mientras que Edipo, Electra y Clitemnestra son paradigmas de los secretos de la psiquis.
Los conocimientos clásicos nos ofrecen la posibilidad de aprender de las experiencias de nuestros predecesores, aglutina-das en historias míticas donde la medicina se separa de la filosofía y se dedica al cuerpo, mientras que la filosofía busca entender y aceptar la muerte, nuestro ineludible final. / La metáfora de Asclepio nos deja la impresión de que curar no siempre va acompañado por la virtud del reconocimiento y que la gratitud es un don escaso que los dioses repartieron con poca generosidad.
Ornar López Mato
Director del Instituto de la Visión

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