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El paso es hoy

Vivimos en un mundo ciertamente bello, aunque demasiado maltratado, plagado de desafíos y vanidades. Y en todas aquellas cosas que nos rodean se encuentra el germen de la resignación, buscando dar otra puntada al estado febril de las sociedades. Entramos al abandono de los valores básicos y principales de sana convivencia, de formación individual.
No debemos decaer frente a nada. Si no cambiamos la manera de reaccionar ante lo que nos pasa, más que con una incómoda sensación de impotencia, quedaremos vacíos, corroídos por dentro pensando que nada tiene solución ni salida. Cuando la verdad es infinitamente contraria, pues en cada uno reside la fuerza necesaria para avanzar. Confiemos en la mirada de Dios, del mismo modo en que también somos importantes en la contribución a ese cambio para nuestras vidas, pues »ayúdate y te ayudaré» dice nuestro Señor. Es hoy cuando comienza el cambio a actuar en nosotros, actuemos nosotros también para con él. Las transformaciones requieren conducta, constancia y compromiso. Y algo muy positivo es dar el primer paso, querer llegar al objetivo nos irá agregando peldaños. No perdamos otro día. No nos permitamos flaquear ante las adversidades. De alguna manera le estaríamos atando las manos al destino, que padece nuestra inacción e indiferencia entre tantas cosas que nos afectan y consumen energías. Que las equivocaciones o intentos fallidos del pasado no minen nuestra esperanza y determinación. La búsqueda genuina de la paz y la armonía es posible. Y el camino en apariencia más fácil no resulta necesariamente ser el correcto. Opino que lo que nos perjudica es la muchas veces evidente soledad de pensamiento, es decir, que no logramos entre todos llevar una idea de acción; si bien pensamos diferente y eso es muy bueno, si bien queremos lo mismo, y eso es todavía mejor.
No hay tiempo para eludir al tiempo, el paso es ahora. Solo hay que levantar la mirada, intentar, persistir en la paciencia y el tesón. Animarnos a terminar los estudios, a iniciar unos nuevos, a cultivarnos, a abrigar proyectos, apoyar iniciativas, seguir caminos, sembrar, admirar el cielo, contemplar las flores, leer, buscar sonrisas, brindarnos enteros a un redescubrimiento personal, individual. Transmitir y compartir lo bueno de nosotros. Somos la clave de nuestro propio laberinto, los protagonistas de la historia de nuestras vidas.


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