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GANARÁS EL PAN…
El mes de mayo comienza con el festejo al trabajador, si bien se conmemora una fecha trágica sobre «Los mártires de Chicago», el día es festivo ya que una de las más noble y digna de las actividades del hombre es el trabajo. Aunque en El Génesis Dios castiga al hombre a ganarse el pan con el sudor de su frente, la historia de la humanidad demostró que el trabajo hizo al hombre libre y creativo y lo que en principio pareció un castigo fue su salvación como raza pues permitió su desarrollo y elevación en la escala evolutiva, creó herramientas cada vez más complejas y todas ellas con la misión en última instancia de «ganar el pan de cada día». Tareas tan disímiles como la del artista y la del herrero no se diferencian en esencia, ambos son trabajos y cada uno cumple un rol en la sociedad, se necesita tanto de una reja o una herradura como de un cuadro o de una canción. El ser humano es tan amplio en gustos y necesidades que se requiere de cada habilidad o arte que cada uno disponga, claro que lo ideal sería que cada uno trabaje en aquello que más sabe y disfruta. «Si tu ocupación es aquella que más disfrutas no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida» como obviamente no siempre se puede cumplir con ello, aplicar aquello de «Si no puedes hacer lo que amas, ama lo que haces» sería lo más sensato y aunque le quite algo de romanticismo le aporta dignidad pues las tareas bien hechas aunque no sean de nuestro agrado nos aportan nobleza y honorabilidad. El premio a tanto esfuerzo no solo es el monetario, una sensación de bienestar acompaña la tarea cumplida, nada como el trabajo hace sentir al ser humano que es una «persona», útil a la sociedad y a sí mismo. «Trabajar constituye un deber indispensable para el hombre social. Rico o pobre, poderoso o débil, todo ciudadano ocioso es un ladrón» Jean Jaques Rousseau (1712/1778)  y es que aquel que pudiéndolo hacer no trabaja, vive del esfuerzo ajeno, así lo entendieron aquellos filósofos y pensadores que fundaron las bases de la sociedad moderna. Que no es justa y no siempre recompensa mejor al que pone mayor esfuerzo, es cierto, pero a nuestra sociedad le faltarían miles de años de evolución para ser equitativa con todos. Por ahora y en el tiempo que nos quede de vida la mayor satisfacción proviene de la tarea cumplida, desde estudiar y capacitarnos hasta llevar a cabo las tareas que  nos tocó o supimos conseguir en nuestra sociedad y familia. El escritor y poeta costumbrista uruguayo Wenceslao Varela (1908/1997) famoso por sus poemas gauchescos en «Consejos» les dice a sus hijos sobre el valor del trabajo y el esfuerzo: «…Siempre es amargo y no llena el pan de la caridad…»    
 
Raúl H. Cerdeira
raul.cerdeira120@gmail.com

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