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A MALES MODERNOS…
A males modernos remedios antiguos, aunque tal vez no sean males precisamente la sociedad de estos días vive en una constante aceleración relacionada con toda la tecnología que nos rodea y penetra casi por ósmosis, sin poder evitarlo y casi de forma obligatoria. Casi toda la comunicación tanto familiar como institucional ya viene en formato digital, cartas, facturas, notificaciones, diarios, etc. que llega a nuestros celulares, computadoras y demás soportes digitales, por esa razón es muy difícil estar ajeno a tales medios que además se modernizan a un ritmo muy veloz por lo que necesitamos renovarlos continuamente.
El papel como soporte para toda esas comunicaciones de poca vida útil está desapareciendo, no está mal ya que contribuye a disminuir la contaminación y desechos (aunque el sistema digital también contamina) Donde aún queda un oasis de tranquilidad y donde también el papel sigue vigente es en los libros, y éste es el «remedio antiguo» a tanto dislate digital, el libro digital es más un complemento que un rival, entretanto los libros en papel sigan siendo escritos y leídos por humanos, la necesidad de tener el libro real entre las manos es irremplazable. Entrar a una biblioteca es como un viaje al pasado, allí la tecnología está pero es un ayudante no la estrella principal, tomar un libro cualquiera y sumergirnos entre sus páginas, primero la ensoñación para despertar peleando juntos a Sandokán o en un cohete a la luna, en una pradera o en una gran historia de amor… la filosofía o la historia, las ciencias o la literatura todo cabe en ese universo, como en El Alep de J.L.Borges, la humanidad en todas sus facetas se halla allí. Tener una biblioteca en nuestra casa nos produce un íntimo placer, por lo general fue creciendo con los años y en cierta forma refleja la personalidad de su dueño, personalmente pienso que no es uno quien va en busca de un libro sino al revés, el libro nos encuentra, tal vez sea por ello que les tenemos tanto afecto y se hace dificultoso o casi imposible desprenderse de algunos. Si nuestros libros son tesoros que otros podrían disfrutar ¿porqué ese egoísmo de tenerlos «encerrados»? Hay algunas actividades en ese sentido, se las denomina «suelta de libros», son muy interesantes ya que generan en el que lo practica bienestar y alegría al compartir ese libro que tanto nos dio y en los que los reciben interés en la nueva lectura, ya que los libros se dan en forma gratuita. Además al desprendernos de algunos libros podremos incorporar otros que no hayamos leído por lo que se formará un circulo de lectura.
Generalmente tenemos libros sobre momentos especiales y otros de consulta de los cuales nunca nos desprenderíamos pero muchos otros sí, es cuestión de revisar a conciencia. «Si me tomas léeme y vuelve a dejarme volar, no quiero morir en un placar» Así decía un escrito en la portada de un libro casualmente hallado y me pareció significativa porque inducía a compartir eso que nos es tan preciado como son los libros.
 
Raúl H. Cerdeira
raul.cerdeira120@gmail.com

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