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EL DOMICILIO DEL ALMA

Reflejo en el espejo, la veracidad detrás del yo.
¿Quienes somos en realidad? ¿Qué versión cotidiana nos define mejor?
Independientemente de que poseamos las llamadas «máscaras sociales», las cuales de forma natural nos «asisten» a representar diversos roles de la vida diaria (madre, padre, amigo, estudiante, trabajador, etc), hay algo más detrás del «mueble» de la vida; me corro aún un poco y el planteo es: Ese espejo existencial que nos convoca cuando «creemos» vernos reflejados... ¿es en absoluta verdad quienes somos? ¿Salvamos de la subjetividad de otra mirada aquella visión única de nuestro yo?
¿Somos la infancia y la adultez, el equipaje de valores, tradiciones en este plano en esta Tierra? El árbol genealógico es un tramo del camino del alma, más físico si se quiere. Pero...¿Y la esencia indivisa de nuestra identidad? Allí donde encuentran refugio los secretos, los enigmas, en ese mismo lugar develamos la realidad inquietante. Creo que en el interior de cada uno está el domicilio del alma, la incógnita, preciosa llave abridora de puertas. El bastión de la emoción frente al imperio de la razón. La búsqueda del balance y la armonía para Ser en plenitud.
¿Entonces somos una mirada parcial? ¿Un reflejo inconcluso en el espejo?
Me gusta pensar que constituimos una parte del todo y eso nos completa. Representamos la oportunidad de pulir ese diamante.
Viajamos hacia sueños siempre nuevos para ser felices, evolucionar, limpiarnos de vestigios pasados, sonreír, ser solidarios, solícitos, crecer y volar con alas propias.
 
Cristian Gentile

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