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Cuidar el planeta
El planeta en el cual vivimos necesita que lo cuidemos.
La manera más directa de colaborar a la preservación de la naturaleza es ejercer el derecho de participar activamente. Si tomamos conciencia de que nuestra cooperación individual hace al todo, estaremos sembrando una «cultura ecológica» que generará beneficios a corto, mediano y largo plazo. Cabe destacar que la preocupación por el cuidado del ecosistema data de mucho tiempo; es grato mencionar la importancia que le daba el General Manuel Belgrano, pionero en atender el tema ambiental. Entre otras medidas, promovió el cuidado y aprovechamiento responsable de los recursos naturales, a la vez que enfatizaba el respeto que debía tenerse hacia los animales.
Posteriormente, diversas corrientes ecologistas se ocuparon de afianzar la idea de un mundo más saludable y limpio. Por primera vez, el 22 de abril de 1970 se celebraba internacionalmente el Día de la Tierra, para destacar la necesidad de la conservación de los recursos naturales. Surgió como un movimiento universitario, se hizo muy popular pues convocaba a las personas brindándoles información relacionada a la protección del medio ambiente. Desde el punto de vista del cuidado del ecosistema, se evalúan problemáticas como la contaminación del aire, el agua y los suelos, también el estado actual de las especies de plantas y animales, tanto como el agotamiento de recursos no renovables. Se procura proponer soluciones adecuadas para eliminar los efectos negativos de diferentes actividades humanas y disminuir la magnitud/alcance de los daños.
Emergen opciones como el reciclado de materiales, el aprovechamiento de petróleo y energía, la no utilización de químicos, la protección activa de hábitats y especies amenazadas. El compromiso de quienes en su autoridad tienen posibilidad de favorecer políticas ambientales positivas.
La tarea no implica una utopía global, muy por el contrario, cada uno de nosotros puede hacer mucho en favor del planeta. Algunas ideas: Usar el agua suficiente, no dejar que se desperdicie; depositar los residuos en cestos, para mantener la vía pública limpia. Derivar papeles y/o botellas a centros de reciclaje; también mediante  la utilización responsable de los aparatos eléctricos. Reemplazar las lámparas convencionales por otras de bajo consumo. Plantar arboles y sembrar, que además es una fuente provechosa de sustento. Usar bolsas de tela o reciclables en lugar de las de plástico. Y muchas cosas más que tienden a cuidar lo que nos rodea, a tratar con amor a los animales y respetar la hermosa comunión que hacemos con nuestro entorno natural, para que esa energía armonice la vida de la mejor manera.
Es nuestra responsabilidad dar el ejemplo a los más pequeños y felicitarlos por obrar bien en pos del planeta, que es la gran casa de todos.
 
Cristian Gentile

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