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Archivo: Noviembre 2018

CUENTOS Y POEMA
La penumbra de un sueño

La noche camina en mis sueños.
Oscura, silenciosa.
Acaricia el viento que roza mis mejillas.
Ni la luna me acompaña.
El árbol
llora sus hojas
están secas.
Mis gritos piden ayuda.
Nadie logra oírme.
Una ráfaga me golpea contra el árbol.
Mis ventanas, se cierran.
En la penumbra de la noche,
despierto…
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Un crimen perfecto

Todo había comenzado cuando Silvia se casa y se va a vivir con su marido, Juan. Cuando ella se muda a la casa de él, los vecinos le dicen que su marido escondía algo. Pero Silvia no les creyó; no estaba muy segura de eso. Hasta que decide investigarlo; revisa papeles, hasta que descubre que había estado casado con otra mujer.
Queda muy sorprendida, y descubre también, que la asesinó en su casa, pero no se supo bien por qué. Silvia, quedó muy asustada; no se animó a contarle a nadie, hasta que decidió hablar con su mejor amiga. El, marido, la escuchó hablar por teléfono, la sujetó de atrás y la asesinó con un cuchillo.
 Luego, Juan decidió esconder el cadáver de su mujer, en el sótano de la casa, debajo del piso de madera.
 Minutos más tarde llegó la policía, que los vecinos habían llamado porque escucharon gritos y sospecharon.
Juan les abrió la puerta; la policía le dijo que los vecinos habían llamado y que por eso vinieron.
Juan les comentó que había sido él quien había gritado, porque había tenido una pesadilla. La policía no le creyó; le preguntaron por su mujer y el dijo que estaba de viaje; que había ido a visitar a su hija, que estaba enferma y partió de urgencia.
Investigaron toda la casa, no encontraron ninguna prueba, ni siquiera en el sótano que había sido el lugar del crimen. Los policías se fueron;  el marido, quedó riendo, como un loco, convencido de haber logrado «un crimen perfecto».
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El frasco de cristal

En una casa enorme vivía una mujer sola, llamada Fernanda  que nunca se casó y nunca quiso vivir con nadie, ni tener hijos, ni nada. No le gustaba hablar con nadie, casi ni hablaba con sus vecinos ni con su familia; eso que en su familia no eran tantos, solo tenía a sus padres y a una amiga que era como si fuera su hermana, pasaban todo el tiempo juntas y se llevaban muy bien. Pero por cosas de la vida, no se vieron más.
A Fernanda, gustaba mucho escribir, pero lo que más le gustaba era escribir palabras y guardarlas en frascos de cristal. Porque no se animaba a contar ciertas cosas a la gente. Entonces, empezó a escribir unas cosas en unos papelitos chiquitos y las guardó en el frasco de cristal.
Al otro día se levantó y fue a agarrar el frasco y vio que faltaban algunos de los de los papeles donde ella, había escrito las palabras. La mujer se sorprendió y se fue dando cuenta que las cosas que ella había escrito en esos papeles estaba pasando en ese mismo momento.
Ella había escrito que quería que la llamaran por teléfono, cosa que nunca había pasado antes, sus padres casi nunca la llamaban ni la visitaban.
También escribió  que le gustaría mucho que sus padres vayan a su casa a visitarla, y también su amiga de la infancia, su compañera fiel. Luego de un rato, golpearon la puerta y eran sus padres; antes de cerrar, vio que entraba su amiga. Fernanda se quedó muy  sorprendida y contenta al ver que todas las palabras que ella había escrito y guardado en ese frasco de cristal, sucedieron y se le llenaron los ojos de lágrimas.
Y fue así que se cumplió su sueño. Uno a uno.

Por María Celeste Teotino
 
María Celeste Teotino

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