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Archivo: Septiembre 2018

MENS SANA…
El ser humano a causa de su evolución desarrolló un pensamiento crítico y de conciencia de su propio ser, de su propia vida. Sabe que vive y que su vida es finita. Esa condición le ayudó a crearse una doble actitud de comportamiento; la exterior que es representada por su cuerpo y la interior que la rige la mente. Ambos conforman al «individuo» ser único e irrepetible, si ya la genética (ADN) nos hace únicos, en unión con el pensamiento que es aún más exclusivo que el ADN, conforman al ser potencialmente excepcional que podremos llegar a ser. Mens sana in corpore sano reza una frase latina, y aunque forman parte del mismo individuo no siempre el cuerpo y la mente actúan en forma sincronizada y «tirando» para el mismo lado. En el mundo real, allí donde se desarrolla toda la actividad del hombre, prevalece el cuerpo y su porción de la mente que aplica a los intereses del individuo para conducirse en sociedad, es como la parte «rentable», lo que vemos de una persona, pero el mundo interior es el que genera la maravilla de pensamiento abstracto, que recibe estímulos del mundo exterior, los procesa y los proyecta en el comportamiento del individuo en la sociedad. Así una mente sana generará un cuerpo (persona) sana. El viaje más fascinante que puede emprender una persona es la búsqueda de su «esencia», de su sentido de vida. Cualquiera sea el motivo por el cual llegamos a la vida, y que ciertamente no manejamos, está en cada uno de nosotros intentar averiguar el «para qué». El pensamiento es inmensurable e insondable y bucear en el es tarea ardua si se quiere alcanzar, al menos, una pequeña luz de comprensión. La religión, la filosofía, la ciencia; todas son herramientas válidas en esa búsqueda que nos hará crecer. Nacer, crecer, reproducirse y morir es el ciclo elemental de la vida; podemos simplemente seguirlo sin preguntarnos nada o, podemos intentar correr el velo de lo desconocido. Otra condición interesante al poseer dos universos (uno interno y uno externo) es la tarea de congeniarlos de tal manera de lograr un equilibrio, no muy fácil de lograr ya que los interese de uno afectan al otro, pero también los logros de uno mejoran al otro y allí es donde se crea un círculo virtuoso que a cada vuelta se potencia, es una realimentación positiva; si el destino no está trazado a fuego, el tesón en la búsqueda del equilibrio y la paz interior hará que éste cambie a nuestro favor. Un antiguo texto védico dice:»Tú eres lo que tu deseo más profundo es. Como es tu deseo, es tu intención. Como es tu intención, es tu voluntad. Como es tu voluntad, son tus actos. Como son tus actos, es tu destino».   El pensamiento humano es como un iceberg, lo está oculto a la vista es inmensamente mayor a lo que asoma sobre la superficie, por ello, a veces las apariencias engañan. 
Raúl H. Cerdeira
raul.cerdeira120@gmail.com

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