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Ir a CulturaIr a Cultura / Septiembre 2018

Archivo: Septiembre 2018

 Sonrisa interior y exterior
La manera de tratar a los demás habla de nosotros como seres humanos. Una cualidad esencial en el desarrollo de la sana convivencia es el poder valorar el esfuerzo y la disposición del prójimo que intenta llevar adelante una tarea determinada; estimularlo y apoyarlo de forma constructiva, con un respaldo emocional didáctico tan simple como reza la frase que dijera un pensador: «Sé generoso a la hora de apreciar algo bien hecho y sensible al momento de realizar la observación de algún error», es decir, destacar lo que vemos bien pero no condenar la equivocación con rigurosidad tajante que, más que ayudar o guiar en el camino a la persona, podría hacerla desistir, viendo afectada su autoestima e incluso generar en ella una ofuscación que termina por obstaculizar la disposición inicial para escuchar o absorber dicho conocimiento. Por cierto que ambas partes deben ser congruentes en el ideal de aprender, esto es, poner el mejor ánimo para que funcione. Todas las personas pueden conseguir sus metas, sólo que a veces deben sentir que pueden, o alguien debe decírselos. En muchos casos cuesta tomar la dimensión de nuestras virtudes y posibilidades, ya sea por inseguridad o poca estima, en más de una ocasión es debido a la reprobación recurrente de otros en el pasado, que han mermado la capacidad de iniciativa propia y derroído el entusiasmo que lleva al logro ansiado. Sentir complacencia de saberse capaz y asumirlo de una vez por todas fortalece los vínculos con el entorno y genera una debida autovaloración y autorespeto.
Atreverse es empezar a conquistarse. Es bueno escuchar nuestros propios bríos, siempre mediando la responsabilidad y la prudencia, pues existe diferencia entre coraje y temeridad.
La verdadera fuerza surge de nuestro interior, de un trabajo interno que se volverá externo. Debemos ser pacientes y constantes, cultivar esa llama de a pequeños pasos, y también hacer que el prójimo se sienta bien. Una sonrisa es un regalo y también lo es un gesto cordial.
Seguramente resultará en que otros sonrían. Es importante creer que podemos. Y, como corolario, comparto una frase de la poetisa Emily Dickinson: «Ignoramos nuestra verdadera estatura hasta que nos ponemos de pie». Así que… ¡Adelante!
Pienso que jamás terminamos de crecer y madurar, pues se trata de un proceso que no distingue edades sino actitudes, de estar dispuestos y abiertos a aprender y, desde ya, a enseñar. De eso se compone la vida, de lo que queramos conocer, de lo que hacemos, de lo que compartimos. Hoy, estimado lector -y cada vez con mayor frecuencia- haga sentir bien al prójimo y también a usted mismo; regale y regálese una sonrisa. Subraye cosas positivas, dignas de ser ponderadas y enmárquelas, que la otra persona vea que su acción es valorada, aunque parezca algo intrascendente. Del mismo modo colabore en corregir lo que no está bien. Seamos parte de nuestra propia solución. Sonría. Seamos felices.
 
Cristian Gentile

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