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NUESTRA, NO ¡ÉSTA!
En un siglo donde parece primar más los hechos que las palabras, éstas últimas perdieron la fuerza de las convicciones. Se dice cualquier cosa sin pensar, total son solo palabras, pero no debemos olvidar que las palabras son el preámbulo de las acciones, quien se expresa de un modo determinado, sin quererlo está expresando una profunda convicción, aunque luego diga que lo dijo sin pensar, precisamente al hablar, más si es en forma vehemente, es cuando mostramos el verdadero pensar, sin filtros que nos lleven a expresar lo que se supone es «políticamente correcto», es decir de acuerdo a convencionalismos sociales adecuados. Lo que pretendo es que notemos que muchas personas de nacionalidad Argentina de cualquier actividad y clase social cuando hacen referencia a nuestro país, muchas veces dicen(o decimos) «Éste país» y no «nuestro país» como si fueran extranjeros o hablaran de otro lugar fronteras afuera. Ésta sutil diferencia denota la falta de pertenencia que tenemos y que es más grave cuando la pronuncian periodistas, políticos o personas encargadas de defender los intereses de nuestra patria. Todos conocemos el refrán que dice: «El ojo del amo engorda al ganado», para defender algo a ultranza hay que sentirse dueño. Tal vez sean las ciudades tan cosmopolitas como la nuestra que nos haga olvidar que no somos ciudadanos de paso, que tanto tiene que cuidar nuestro país un funcionario como el que transita por un lugar público,  que por ser público es de «todos» y no de «nadie», como muchos suponen, y como es de «nadie» se permiten dañarlo o no cuidarlo como si después la refacción no fuera a salir del erario público, ergo: de todos nosotros.  Así como es el comportamiento hacia las cosas materiales, también suelen ser hacia los semejantes,  cierto es que «la caridad bien entendida empieza por casa» pero de allí a querer pasar por sobre los demás en beneficio propio hay una gran distancia, si en forma de «masa social» somos un pueblo solidario y así es reconocido tanto interna como afuera de él (pueden dar fe los millones de inmigrantes que pueblan nuestra patria y que nuestro preámbulo de la constitución así lo ratifica),  en forma individual prima el «primero yo», el beneficio personal sobre el interés público, solo a ejemplo basta observar como estacionamos los vehículos en la calle: Como nos convenga a nosotros, sin importar cuanto estorbe ello a los demás y al mismo tiempo, esto comprende al conjunto de la sociedad, parece haber siempre una excusa individual para no cumplir con la ley. Habiendo observado éste pasado 25 de Mayo cuan pocas banderas engalanaban los frentes de las casas y también las pocas las escarapelas lucidas, quisiera recordar que no se viva a nuestra querida Argentina cada cuatro años, «en coincidencia del mundial de futbol», pareciese que sólo una gesta deportiva es capaz de reflotar espíritus patriotas, como si los que forjaron nuestra patria, muchas veces a costa de su propia vida, no merecieran el reconocimiento por ello. VIVA LA PATRIA, Y FELICES FIESTAS DE LA INDEPENDENCIA.
 
Raúl H. Cerdeira
raul.cerdeira120@gmail.com

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