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ENCADENADOS
Pocos seres humanos en el curso de la historia han sido capaces de ser totalmente libres de toda atadura de las modas, mandatos, usos y costumbres. Por lo común la sociedad vivió atada a diversas cosas a través de la historia, cosas como la moda, religión o costumbres captaron el interés de la humanidad y la mantuvieron como encadenadas a pautas impuestas desde afuera pero que arraigaron en la profundidad del alma humana. En estos últimos veinte años la humanidad, o casi toda ella, se encuentra sometido cada día más en la actividad que más evolucionó a nivel masivo desde el comienzo de la era industrial: las comunicaciones, lo que comenzó con el telégrafo luego evolucionó al teléfono, la radio y televisión, estos fabulosos adelantos mejoró ostensiblemente  la vida de las personas, las distancias se acortaron al no tener que estar presente en un lugar para poder trasmitir una imagen o idea, se «ganó tiempo». Por ganar tiempo generalmente entendemos tener más tiempo para otra actividad; que lindo sería poder guardar el tiempo que nos sobra en una caja de ahorro para luego utilizarlo ¡cuando nos falta! Lo que sucedió en estas últimas dos décadas fue el advenimiento de la telefonía celular móvil por lo que pasamos de estar disponibles  para otras personas sólo cuando estábamos cerca del teléfono a estarlo las veinticuatro horas y mientras dicho aparatito solo era para hablar, cosa que parece obvia, fue algo práctico y funcional al hombre moderno, más cuando fue incorporando más y más funciones, el poder y la dependencia de él sobre nosotros fue creciendo. Hoy que casi forma parte de la mano, estamos «encadenados», no físicamente sino de manera emocional y necesaria a un teléfono móvil, y dicho elemento termina manipulando a gran parte de la humanidad. El «homo sapiens» actual, o lo que queda de él, se mimetizó a esa nueva tecnología y creó al «homo multi-objetivos» (multi-target), y dado que cualquier dispositivo electrónico puede efectuar múltiples actividades y nosotros estamos vinculados a ellos casi en forma simbiótica, también nos convertimos en multifun-cionales. Tenemos en la palma de la mano toda una oficina de trabajo, y también tenemos nuestra vida social «on line» en vivo y en directo, todo junto, por lo que es común estar comiendo o viendo televisión o, y esto es lo peor, estando reunidos con amigos y parientes y, al mismo tiempo, contestando e-mails, mensajes, mandando fotos o «chateando» con otras personas y por lo tanto desatendiendo lo que estamos haciendo allí donde estamos físicamente, es que estamos en varios sitios de forma simultánea. El hecho de estar atendiendo varias tareas al mismo tiempo, produce, según algunos estudios, una dispersión del esfuerzo y disminución importante del rendimiento, en comparación al hacer las tareas de una por vez. Por seguir el consejo «El tiempo es oro» perdimos la capacidad observar a nuestros semejantes en la calle, el tren o una reunión, de mirar el cielo, las nubes, la naturaleza y sus bellezas, y sobre todo perdimos la capacidad del «ocio». «Disfruta de verdaderos ocios aquel que tiene tiempo para dedicarse al cultivo de su espíritu» Henry D. Thoreau          
 
Raúl H. Cerdeira
raul.cerdeira120@gmail.com

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